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Ser Felices ! Vivir la Espiritualidad. Vivir el Amor

Ser felices es mucho pedir; me conformo con vivir alegremente y esperar la felicidad en la vida eterna. Creo que, igual, nos cuesta estar alegres porque no estamos lo suficientemente conectados con nosotros mismos, y vivimos aferrados a nuestro ego en vez de soltarlo y animarnos a transitar el camino del alma que nos abre a nosotros mismos y a los demás. Si pudiéramos lograrlo, gozaríamos mucho más. Hasta la educación está mal entendida. Los colegios instruyen, trasmiten conocimientos y habilidades avanzadas, muchas de las cuales no son cruciales. Educar, para mí, es enseñar a convivir amando, enseñar a un niño a respetar y querer a su comunidad, a conectarse con ella. Un mapuche que ama su tribu, aunque sea analfabeto, es mucho más educado que un intelectual que no aprendió a convivir y a respetar a otros. Educamos el cerebro para saber más y las manos para hacer más cosas, pero no estamos educando el corazón para usar los conocimientos y habilidades al servicio del amor.  Sí, pero lo cierto es que el camino del amor es espinoso. Cuanto más se ama, también más se sufre. ¿Se puede ser feliz a pesar del dolor? ¿Cómo se hace para vivir cada día sobrellevando el sufrimiento? Para vivir con plenitud tenemos que aprender a sufrir. Nuestra cotidianidad está tejida de dolor y nada se logra con negarlo o taparlo. Creo que es un gran desafío aprender a encontrarle sentido al sufrimiento, preguntarnos para qué nos toca vivir esto o aquello, en qué nos ayuda a crecer, a profundizar. Como dice el refrán: “No hay mal que por bien no venga”, y yo le agrego: “si se lo encara bien”. Por ejemplo, yo tuve que luchar contra un fuerte cáncer de pulmón que me hizo sufrir mucho. Tuve miedo de morir. Pero hoy, mirando hacia atrás, veo que el estar tan cerca de la muerte me hizo valorar la vida, mi matrimonio, mi trabajo. Esta prueba, además, me ayudó con mi mujer a profundizar nuestro amor. El dolor es un misterio que hay que descifrar para poder vivir contentos y en paz con él, y a pesar de él. En sus libros usted habla de la necesidad de evolucionar espiritualmente. ¿A qué se refiere? ¿Se puede llevar una vida espiritual en medio del trajín diario, los apremios económicos, las presiones laborales?

El hombre por su naturaleza racional (por tener inteligencia y voluntad) es un ser espiritual. Esto es innegable y es muy diferente de ser o no una persona religiosa. La religiosidad me parece menos relevante que la espiritualidad. Vivir la vida del espíritu es conectarnos con la fuente de amor y abrirnos para ser canales al servicio del bien. Es alejarnos del materialismo y el consumismo que finalmente nos alienan: del deseo de tener el mejor auto, el departamento más grande o el viaje más extravagante. Es conectarnos con nuestro interior y este camino espiritual vale para todos: monjes, laicos, religiosos u hombres de traje y corbata de la city porteña. Vivir la espiritualidad es vivir el amor y esto presupone la madurez emocional. Para ser verdaderamente espirituales debemos primero ser personas maduras, íntegras. Debemos aprender a conocernos y reconciliarnos con nuestra historia y nuestras heridas; buscar y aceptar lo que somos, con nuestras luces y sombras; rechazar mandatos y exigencias que nos alejan de nuestro centro, nuestra esencia. Si aprendemos a conocernos, a amarnos y respetarnos, será mucho más fácil estar disponibles para los demás. Hay que dejar de lado el ego y elegir el camino del alma, del despojo y la entrega. Esto para mí es vivir la espiritualidad en este tiempo de posmodernidad.

Edición L.A

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