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Sororidad ; Pacto entre Mujeres

“La sororidad emerge como alternativa a la política que impide a las mujeres la identificación positiva de género, el reconocimiento, la agregación en sintonía
y la alianza.”
A través del tiempo se ha gestado en el feminismo una dimensión de la política que busca la confluencia y la sintonía entre las mujeres. Se trata de la sororidad, la alianza feminista entre las mujeres para cambiar la vida y el mundo con un sentido justo y libertario. Sororidad del latín soror, sororis, hermana, e-idad, relativo a, calidad de. En francés, sororité, en voz de Giselé Halimi, en italiano sororitá, en español, sororidad y soridad, en inglés, sisterhood, a la manera de Kate Millett. Enuncia los pincipios ético políticos de equivalencia y relación paritaria entre mujeres.

Términos relativos: sororal, sórica, sororario, en sororidad. Se relaciona con el affidamento del Colectivo de la Librería de Mujeres de Milán al propiciar la confianza, el reconocimiento recíproco de la autoridad y el apoyo entre mujeres. La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer.
No se trata de que nos amemos, podemos hacerlo. No se trata de concordar
embelesadas por una fe, ni de coincidir en concepciones del mundo cerradas y
obligatorias. Se trata de acordar de manera limitada y puntual algunas cosas con cada vez más mujeres. Sumar y crear vínculos. Asumir que cada una es un eslabón de encuentro con muchas otras y así de manera sin fin. Al pactar el encuentro político activo tejemos redes inmensas que conforman un gran manto que ya cubre la tierra, como el que pintara Remedios Varo. La sororidad es un pacto político entre pares. El mecanismo más eficaz para lograrlo es dilucidar en qué estamos de acuerdo y discrepar con el respeto que le exigimos al mundo para nuestro género. Los pactos entre nosotras son limitados en el tiempo y tienen objetivos claros y concisos; incluyen, también, las maneras de acordarlos, renovarlos o darles fin. Al actuar así, las mujeres ampliamos
nuestras coincidencias y potenciamos nuestra fuerza para vindicar nuestros deseos en el mundo.
Creemos vivir en democracia porque votamos y elegimos, aunque sigamos siendo minoría política; también porque hay instituciones independientemente de que no impulsen la ciudadanía de las mujeres y a pesar de que prevalezcan la exclusión de género, la pobreza y la violencia contra las mujeres y se impida el acceso a la justicia.
Como sucede en México: se define como una democracia constitucional, aunque más del 60% de las mujeres sobrevivan en pobreza y contemos día a día las víctimas de la violencia feminicida. En 2004 fueron asesinadas 1205 niñas y mujeres, 4 cada día, una cada 6 horas. En la mayor parte de los casos no hay detenidos ni culpables, lo que no es sino la punta del iceberg de formas de violencia de género integradas a la convivencia, recreadas por la impunidad, hechos extremos de la opresión patriarcal.
Cómo se puede definir la democracia cuando en países considerados democracias ejemplares, las extranjeras, las indígenas,las negras , las mujeres de genealogías religiosas o culturales minorizadas no gozan de los derechos de ciudadanía o son colocadas en las márgenes del orden social en estamentos de cosificación, fuera de las instituciones del Estado. Las desigualdades son inadmisibles para nosotras.
Millones de mujeres no habrían sobrevivido sin el soporte, el apoyo, el reconocimiento, la transmisión de descubrimientos y la autoridad de otras mujeres. Cada vez es más urgente que utilicemos estos recursos políticos
para desmontar las dificultades vitales y ampliar la cultura democrática: se trata de construir la democracia genérica entre nosotras. Ya nos hemos convocado bajo el principio del reconocimiento de la diversidad entre nosotras ahora hace falta revindicar el principio de igualdad.
 Fuente, Marcela Lagarde y de los Rios

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