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CUANDO LOS DOMINGOS DUELEN o tristeza del domingo

Amanecer y estar solos, o acompañados por quienes no son los que quisiéramos; estar con uno mismo y los propios dolores; que el tiempo que el trabajo semanal llena se detenga y estiiiiiiire el día interminablemente; el hecho de que no tener obligaciones deje a la vista un vacío con el que no sabemos qué hacer (vacío de hijos, de pareja, de proyectos… de Sentido); o también presencias que nos generan conflictos por resolver!

Muchas personas se balancean en ese columpio: anhelar que llegue el fin de semana, y luego padecerlo cuando acontece. O bien disfrutarlo y, a medida que el sol dominguero se esconde, ver cómo va coagulando gota a gota lo que llega a ser un tsunami de angustia ante otro lunes por afrontar.

Hoy no me sucede, pero me ha sucedido: lo conozco. Y lo he visto padecer a pacientes cuando ejercía como psicóloga clínica: la tristeza del domingo, el vacío que amenaza durante el tiempo libre.

¿Cómo se cura esa desazón? ¿Cuál es la salida de ese túnel recurrente que cada 7 días algunos atraviesan, aunque no lo quieran?

No puedo dar UN remedio, pero sí puedo decir qué hacen las personas a quienes eso les sucedía, y dejó de sucederles (incluyéndome!). Quizás pueda servirte o servirle a alguien que conozcas entre quienes padecen esta situación:

 

Como ante todo sentir doloroso, es muy importante NO RESISTIRSE A ÉL; cuando nos resistimos ante una emoción o sentimiento tenemos dos problemas: ese sentir en sí, más nuestra aversión. Como dice la sabia Psicología Budista, la aversión es UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE DOLOR. Rechazar un estado interno sólo lo perpetúa. De modo que lo que uno puede hacer es OBSERVAR eso que siente. Quedarse quieto, relajarse, sentir la respiración y aprender poco a poco a FAMILIARIZARSE con el propio paisaje interno. Cuando lo vamos haciendo, descubrimos que esos sentires son como nubes en el cielo. ¿Qué hacemos frente a las nubes? Sólo observarlas y ver cómo se deshacen con el sol, cambian de forma, se disuelven… PASAN. Entrenar la atención para que la autoobservación sea plena, eficaz, puede requerir a veces de ayuda, pero en el propio barrio (o hasta en internet!) uno puede tener guías de meditación o de Atención Plena para que esa práctica se vuelva una herramienta de uso cotidiano.

En Occidente nos falta ese aprendizaje: tendemos a sentirnos como si fuéramos sólidos, como si esa tristeza o ese vacío fueran SÓLIDOS, INMODIFICABLES. Esa percepción sólo trae la angustia de SER ESO QUE SENTIMOS. Sin embargo, NO SOMOS NI LO QUE SENTIMOS NI LO QUE PENSAMOS: podemos DESIDENTIFICARNOS de eso que ACONTECE EN NOSOTROS, pero que NO “SOMOS” nosotros. Advertimos, entonces, esto: “YO SOY UN PROCESO”. Si soy un proceso, estoy en PERPETUO CAMBIO. Si estoy en perpetuo cambio, esto que siento puede ser muy diferente en un rato, o puede ser muy distinto la semana que viene si practico esta autoobservación desidentificada.

La otra fuente de sufrimiento que señala la antigua Psicología de Oriente es la opuesta a la aversión: EL DESEO. El deseo nos sumerge en un perpetuo ANHELO DE LO QUE NO ES, DE LO QUE NO HAY. Emocionalmente QUEDAMOS PRESOS DE UNA OBSTINACIÓN: la de tener lo que no tenemos (lo que hemos tenido y ya no está, o nunca estuvo… pareja, otra vivienda… otro nosotros mismos!). Así, entre la aversión a lo que hay y el deseo de lo que no hay quedamos padeciendo algo que se asemeja a esa espantosa tortura en el que alguien era estirado por caballos desde sus brazos y desde sus piernas, sufriendo lo indecible! Mientras deseamos lo que NO HAY, lo que SÍ HAY queda desperdiciado, desatendido, no aprovechado…

Serrat describió maravillosamente esta trampa del anhelo en su canción “Lucía”: “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido / ni nada más amado que lo que perdí…”

Pero un día, un domingo cualquiera, de pronto NOS DAMOS CUENTA DE ESTA AUTOTORTURA y DECIDIMOS HACER OTRA COSA. Dejamos de esperar lo que fue o lo que no hay. Dejamos de autorrechazarnos. Y de pronto, allí está lo maravilloso: NUESTRA VIDA. Y allí se abre nuestra creatividad: empezamos a salir de ese estado CORRIÉNDONOS DE ÉL, como si fuéramos el piso de un hotel con muchas habitaciones y nos diéramos cuenta de que repetidamente estábamos quedándonos en la más hedionda!! Entonces, simplemente, NOS MUDAMOS. Sin autorrechazo, sin violencia hacia sí mismo. Nos vamos generando un domingo INTERESANTE. Y con ello vamos creando una agenda con personas bellas que puedan acompañarnos a GENERAR BUENOS MOMENTOS (o hasta quizás con quienes siempre convivimos, pero con una nueva actitud), y vamos desarrollando la habilidad de DARNOS UN BUEN DÍA A NOSOTROS MISMOS (que puede implicar tanto descansar como sacar a pasear el perro del vecino, brindar un servicio en donde sea necesario o explorar lo que nunca se nos había ocurrido hacer).

Viktor Frankl, -un extraordinario terapeuta que estuvo confinado en un campo de concentración nazi- decía que aun cuando lo de afuera no pudiera cambiarse (y vaya que conocía esa condición!) siempre hay algo que uno puede cambiar: LA PROPIA ACTITUD HACIA NUESTRA CIRCUNSTANCIA. ÉSA ES LA MATRIZ DE NUESTRA LIBERTAD. Eso es asumir la bella expresión de las Psicologías de Oriente cuando señalan que la vida que nos ha tocado en suerte (con sus dificultades y con sus recursos) es el ámbito para desplegar nuestras cualidades internas escondidas.

Y que, así como, sin duda, la vida es UN DERECHO DE TODO SER SINTIENTE, también es esto: UN PRIVILEGIO. Que podamos hacer con cada día de nuestra vida (también con los domingos… y con los lunes!) lo más bello, lo más valioso. A partir de hoy, por ejemplo.

Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

 

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