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La lucha por el Nilo: un conflicto del pasado y del futuro

En cuanto a los consabidos  conflictos Hídricos el Nilo, principal río del este de África cuyas aguas abastecen a 10 estados. Motivo de conflicto desde hace siglos, la lucha por el dominio de sus aguas llega hasta nuestros días; y países como Egipto, Sudán o Etiopía, expuestos a cambios demográficos y geopolíticos, no cederán para conseguir el control del preciado recurso.

La ciudad de Kodok se encuentra en el actual Sudán del Sur. Esta población puede ser desconocida para la mayoría, pero adquiere un tono más familiar si nos referimos a ella como Fachoda, tal y como se la conocía en 1898. En ese año de finales del siglo XIX, los imperios francés y británico se encontraban inmersos en la carrera por la colonización de África. Mientras los franceses querían ejercer su dominio desde el Atlántico hasta el mar Rojo, controlando todo el Sahel; el proyecto británico se basaba en la instauración del imperio desde Egipto hasta Sudáfrica o, en palabras de Cecil Rhodes, del Cabo al Cairo.  Como no podría ser de otra forma, ambos

ambos planes de colonización chocaron en tierras sudanesas, concretamente en la ciudad de Fachoda que, a partir de aquel momento, entraría en la historia por ser el punto que casi provoca la guerra entre ambos imperios. Sin embargo, la disputa por ese territorio no solo fue fruto de la confluencia de dos planes sobre un mismo terreno, sino que la conquista de la región daba el dominio sobre gran parte del Nilo Blanco que, con un flujo constante, garantizaba una vía de navegación y abastecimiento durante todo el año y otorgaba el poder de controlar una parte del flujo del Nilo.

Si bien el encontronazo se resolvió sin recurrir a la lucha armada, el incidente nos muestra, una vez más, la importancia de los conflictos hídricos. Las grandes potencias, ya en el siglo XIX, luchaban por controlar el agua. En el caso del Nilo estas luchas siguen hasta hoy en día y este río es uno de los puntos clave para analizar las guerras del agua.

El Nilo, la gran fuente del este de África

La cuenca del Nilo se caracteriza por ser el curso fluvial más grande de África —con 6.756 km desde su nacimiento en el lago Victoria hasta su desembocadura en el Mediterráneo— y el río de más longitud de todos los que mueren en dicho mar: Además ostenta el título de segundo río más largo del mundo, solo por detrás del Amazonas. Esta cuenca tiene dos fuentes principales: el Nilo Blanco, nacido en la región de los Grandes Lagos —como el Victoria o el Kyoga en Uganda, o el Mobutu en la R.D. del Congo— y el Nilo Azul nacido en el lago Tana de Etiopía. Los dos ríos se unifican en Khartoum, capital de Sudán, y forman el Nilo, que discurre hasta Egipto moldeando el conocido Valle del Nilo.

Se acompaña Mapa del Nilo que muestra las dos principales fuentes del río: el Nilo Blanco y el Nilo Azul, que confluyen en Khartoum, capital de Sudán. En la imagen aún no se muestra la división de Sudán y Sudán del Sur [Foto: DanMS vía WikimediaCommons]

El río Nilo y toda su cuenca son uno de los puntos más importantes del continente africano en tanto que, tal y como apunta el profesor Ferran Izquierdo, representan un 10% del territorio y concentran un 50% de la población total de África. En este sentido, esta cuenca garantiza, en gran parte, la supervivencia de la población de diez estados ribereños: Egipto, Sudán, Sudán del Sur, Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi, R.D. del Congo, Kenia y Etiopía. Por tanto, el Nilo es clave en las relaciones internacionales africanas y es por ello que ha habido diversos intentos de fomentar unas políticas hídricas coordinadas, como el grupo UNDUNGU.

No obstante, estos intentos siempre han fracasado, en gran parte debido a la negativa a participar de Kenia o Etiopía, países que controlan el 85% del Nilo Azul que, teniendo una posición dominante como reguladores del nacimiento del río, se han negado a hacer concesiones al resto de estados. Así, tanto los intentos de formular hidropolíticas coordinadas como las dinámicas de confrontación generadas son una muestra de cómo esta zona es clave en los análisis de la cooperación y conflicto por los recursos hídricos.

Egipto y el agua, la única razón para la guerra

Las aguas del Nilo son disputadas por igual por todos los estados ribereños que, como en los demás conflictos hídricos analizados, quieren absorber al máximo los recursos que ofrece el río aunque esto signifique la disminución de los recursos disponibles para los demás estados. Sin embargo, aunque esta sea la posición de todos los países en disputa, hay un Estado que siempre ha mostrado una mayor beligerancia: Egipto. En la tierra de los faraones, el Nilo se erige como la principal fuente de recursos hídricos (el 90% del total) y el Valle que forma este curso fluvial es el principal terreno de explotación agrícola, base para alimentación del país. Por estas razones, el río constituye uno de los puntos clave de la política exterior egipcia.

En palabras del profesor Michael Klare, el Nilo es «indispensable para la supervivencia y la prosperidad del país». Para Egipto, la importancia de los recursos hídricos del río se demuestra en diversos períodos de su historia reciente. En 1922 se negó a una gestión integrada de la cuenca por miedo a la construcción de presas en las partes altas del curso del río, declarando sus derechos históricos sobre la mayor parte del caudal. En el período que va de 1929 a 1959, con los estados ribereños obteniendo la independencia de sus respectivas metrópolis, Egipto inicia una política de intimidación sobre aquellos países que pretendían construir presas en los cursos altos del río, especialmente Etiopía y Sudán, a los que amenazó con la fuerza militar.

Anwar al-Sadat, político y militar egipcio que ejerció como presidente del país desarrolló una política agresiva para asegurar el control del caudal del Nilo. Finalmente, desde la década de 1970 hasta la actualidad los egipcios dan comienzo a una política de amenaza mucho más agresiva. En este sentido, el presidente egipcio, Anwar al-Sadat, expresa en 1979 que «el único motivo que ahora podría inducirnos a entrar en guerra es el agua»; mientras que ya en la década de los 80 el ministro de Asuntos Exteriores, Boutros Boutros-Ghali, anuncia que «la próxima guerra en nuestra región no será por motivos políticos, sino por el agua».

Al mismo tiempo, esta política de declaraciones amenazantes se combina con el apoyo real a las fuerzas subversivas que intentan quebrantar el orden de los diversos estados ribereños. De tal manera, Egipto presta ayuda a los grupos étnicos y políticos de los estados ecuatoriales, a los irredentistas somalíes de la región etíope de Ogaden o a los independentistas musulmanes del SPLA del sur de Sudán.

El comienzo de esta política mucho más activa e intimidatoria, que buscaba debilitar a los estados del Nilo, es producto del temor de que estos comenzaran a desarrollar hidropolíticas, consideradas clave para sus respectivos intereses nacionales, que pusieran en peligro la posición predominante de Egipto sobre el caudal del río. Especialmente, el Estado egipcio teme la actitud opositora de Etiopía y la posibilidad de ruptura del Acuerdo para la plena utilización de las aguas del Nilo,firmado entre estos dos países y por el cual se adjudica a Egipto el control de 2/3 partes del caudal anual del río.

Malas perspectivas de futuro

Hasta el momento la situación no ha desembocado en un conflicto armado abierto y se ha mantenido una calma tensa, en gran parte derivada de la superioridad militar egipcia, que impide a los demás estados maniobrar en contra de los intereses del Cairo. Sin embargo, la región del Nilo cuenta con diversos factores potenciadores de la conflictividad que pueden causar problemas en el futuro.

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Entre estos factores encontramos el elevado crecimiento demográfico de los estados ribereños. Se estima que la población total de la cuenca aumentará en 300 millones de habitantes entre los años 2000 y 2050, lo cual obliga a dichos países a querer aumentar la explotación de las aguas del río para satisfacer sus necesidades alimenticias y energéticas. Por otro lado, elaumento de la capacidad militar de Sudán o el descenso de la violencia en países como Etiopía o Uganda, permite a estos países focalizarse en desarrollar nuevos y más ambiciosos planes hidrológicos. Y, en tercer lugar, se prevé un posible descenso del caudal del Nilo egipcio derivado de una mayor evaporación producida por el cambio climático.

Así, el incremento de las necesidades básicas de los diversos estados, unidas a un aumento de la capacidad de contestación armada de las potencias situadas en las partes altas del río —que, sin embargo, aún no alcanzan la superioridad militar egipcia—, y a un revés climático que puede aumentar la dependencia hídrica de Egipto, parecen erigir una situación ideal para la escalada del conflicto. Una vez más, la única solución posible sería una gestión integrada del agua de la cuenca que dependerá de la capacidad diplomática de los estados ribereños.

Fuente United Explanations.

Nota de Benjamín Nuñez Gonzalez

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